El cuerpo a los cuarenta: cambios que conviene conocer

Cumplir cuarenta años no transforma el cuerpo de un día para otro. Los cambios son graduales, acumulativos y, durante un tiempo, casi imperceptibles. Pero la evidencia científica disponible señala que a partir de esta década el organismo empieza a producir menos de ciertos componentes que antes sintetizaba con mayor facilidad.

Entre ellos, el colágeno. Esta proteína es la más abundante del cuerpo humano y está presente en huesos, tendones, ligamentos y, por supuesto, en el cartílago articular. Su producción comienza a disminuir de forma gradual a partir de la tercera o cuarta década de vida.

Lo mismo ocurre con los glucosaminoglicanos, que incluyen glucosamina y condroitina: compuestos esenciales para mantener la estructura y la hidratación del cartílago. El organismo los produce, pero con los años esa producción puede no ser suficiente para cubrir las demandas del tejido articular.

"Moverse bien no es un privilegio de los jóvenes. Es el resultado de prestar atención al cuerpo a tiempo."

El cartílago: un tejido que trabaja sin descanso

El cartílago articular es un tejido especializado que actúa como amortiguador entre los huesos. Su función es distribuir las cargas mecánicas de forma uniforme y reducir la fricción durante el movimiento. Sin él, cada paso sería un choque directo entre superficies óseas.

Lo que hace especial al cartílago, y también lo que lo hace vulnerable, es su falta de irrigación sanguínea directa. A diferencia de otros tejidos, el cartílago depende del líquido sinovial para obtener oxígeno y nutrientes. Y ese intercambio se produce, principalmente, durante el movimiento articular.

Esto crea una paradoja: el reposo prolongado priva al cartílago de su mecanismo de nutrición. El movimiento moderado y regular, en cambio, favorece ese intercambio nutricional. No es casualidad que los profesionales de la salud recomienden mantener la actividad física como parte del cuidado articular.

Personas caminando en el parque al atardecer

La caminata regular es una de las formas más accesibles de mantener la nutrición del cartílago articular.

Hábitos que marcan la diferencia

La investigación disponible sobre salud articular y movilidad apunta de forma consistente a cuatro áreas de hábitos que influyen en cómo se siente el cuerpo con el paso de los años.

Actividad física regular

Caminar, nadar, practicar yoga o simplemente moverse durante el día. La consistencia importa más que la intensidad.

Alimentación variada

Una dieta que incluya proteínas de calidad, vitaminas y minerales aporta la materia prima que el organismo necesita para mantener sus tejidos.

Hidratación adecuada

El líquido sinovial que nutre el cartílago depende en parte de la hidratación general del organismo. El agua es, literalmente, parte del tejido articular.

Descanso reparador

Durante el sueño, el cuerpo lleva a cabo procesos de reparación y mantenimiento tisular. El descanso insuficiente afecta estos procesos de forma acumulativa.

El papel de la nutrición en el mantenimiento articular

La alimentación proporciona los bloques de construcción que el organismo utiliza para mantener y renovar sus tejidos. En el caso del cartílago, los nutrientes más relevantes son aquellos que forman parte de su estructura o que participan en su síntesis.

La vitamina C, por ejemplo, es necesaria para la síntesis de colágeno. Esta afirmación está reconocida por la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA). Sin vitamina C en cantidades adecuadas, la producción de colágeno se ve comprometida.

La glucosamina y la condroitina, por su parte, son precursores de los glucosaminoglicanos que forman la matriz del cartílago. El organismo puede producirlos, pero la dieta habitual generalmente no los aporta en cantidades significativas, ya que se encuentran principalmente en tejidos animales que no forman parte de la alimentación cotidiana moderna.

Complementos alimenticios: qué son y qué no son

Los complementos alimenticios son exactamente lo que su nombre indica: complementos. No sustituyen a una alimentación variada y equilibrada. No son medicamentos. No tratan enfermedades.

Su función es aportar nutrientes específicos que pueden estar presentes en cantidades insuficientes en la dieta habitual. En el contexto de la salud articular, esto puede ser relevante para adultos que desean asegurarse de que su organismo dispone de los precursores necesarios para el mantenimiento normal del cartílago.

Flexacil Ultra es un ejemplo de este tipo de producto: un complemento alimenticio notificado ante el ISP (N° 2024-CA-2103), formulado con glucosamina, condroitina, colágeno tipo II y vitamina C, que aporta estos cuatro nutrientes en forma concentrada y dosificada.

Si quieres conocer más sobre la composición y el respaldo normativo de Flexacil Ultra:

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